2 horas despues... (chofer)

Me encontré a mi recurrente acompañante de mis viajes a la Terminal de Palacio de la Luz, solo que esta vez fue en un fin de semana, y no fue en el mismo viaje. Estaba cubriendo el puesto de un amigo de un viaje terminando a Tres Cruces y esta chica se apareció con un rostro perdido y nervioso, como si estuviera a punto de cometer un crimen. Estaba sorprendida de verme pero no tanto como para cambiar su cara atemorizada. Ni siquiera una charla amistosa entre conductor y pasajera cambió su semblante. Se sentó en el fondo del ómnibus y soltó un par de lagrimas. Esto me dejo pensando por un momento, ya que me pareció algo impresionante el como un individuo sufre sin que nadie se de cuenta. En estos dos años en los que esta pasajera viajó conmigo nunca me había imaginado lo que le estaba afectando y de que manera. Este momento fue para mi un reflejo de todo el sufrimiento con el que cargaba en su vida diaria y en serio quería ser de ayuda en ese momento.
Lo que ocurrió después fue algo inusual. Nada. Yo estaba conduciendo adelante del vehículo y no pude preguntarle que le ocurría. Ella estaba dolida, y esperando a esa persona que le ayudara a superar ese momento de dolor, pero nadie vino. Me siento sorprendido por la forma en la que el ómnibus le dio la espalda a la chica y en esto me incluyo. Creo que nadie tuvo la fortaleza para ser ese pasajero especial que ella añoraba.
Y nadie vino. Y ese rostro asustado y blanco cambio a uno de tristeza, como si se hubiera rendido de la gente que la rodeaba. Se bajo en la terminal y desapareció entre la multitud.
 

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